El viernes negro o black friday

Hablar del viernes negro desde el 18 de febrero de 1983 en Venezuela, es rememorar el nefasto momento en el que sufrimos la mayor devaluación de nuestro signo monetario jamás conocida o vivida en el país suramericano.

El entonces presidente Luis Herrera Campíns se dirigió al país y dijo que esta medida respondía a un ajuste al tipo de cambio. Esto producto de la mala administración de los gobiernos anteriores, y en especial del que le precedía: el de Carlos Andrés Pérez en su primer periodo presidencial.

Pasados 37 años de ese hito negativo para la economía nacional, en este siglo XXI, hemos visto en los últimos años cómo se ha venido haciendo propia una práctica muy gringa referida a las ofertas comerciales producto de la celebración del día de Acción de Gracias o Thanksgiving day. La cual es la más antigua y de mayor celebración de arraigo popular en EEUU.

Efectivamente, esa estrategia comercial que es un “boom” de negocios en el país del norte, ha sido acogida por el comercio venezolano y ha venido repuntando con fuerza durante los últimos tres años. Impulsada por la evidente y cada día mayor dolarización, al principio factual en 2018, y ahora incluso, admisible sin ambages, desde el punto de vista legal en este año 2020.

El gobierno y la gente

Para muchos es conocido que, hasta el gobierno que preside Nicolás Maduro, incluso se tiene por práctica en el mercado venezolano interno facturar en divisas. Como ejemplos: la gasolina que se expende en algunas estaciones de servicio privadas, a un precio que el gobierno denomina “internacional” y fijado en $0.50 por litro; también factura las sanciones pecuniarias que el Servicio Nacional de Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT). Aplica a los infractores, usando el tipo de cambio de la moneda de mayor valor que publica diariamente el Banco Central de Venezuela en sus dos jornadas informativas (mañana y tarde), cuando algún ciudadano comete un ilícito tributario formal o material contenidos en las leyes fiscales venezolanas.

Mientras esto ocurre, este viernes negro de noviembre, unos cuantos miles de venezolanos se dirigirán hoy a disfrutar de las jugosas y atractivas ofertas del black friday en los comercios y centros comerciales. En una furtiva y desaforada búsqueda de rebajas, promociones y descuentos inusitados, que obviamente pagarán en divisas, o en moneda nacional al tipo de cambio oficial vigente este día.

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La gran mayoría de los venezolanos empobrecidos, en cifras que rondan ya cerca del 90% de la población (fuente: Encuesta Encovi 2020), estas navidades serán para ese amplísimo sector de la sociedad, una fecha sin la trascendencia de épocas pretéritas, ya no tendrá la misma repercusión en millones de hogares que se quedarán sin adornos de Navidad en sus casas, sin hacer la tradicional pintura de sus fachadas, ni podrán adquirir los tradicionales estrenos para la familia, ni habrá los famosos intercambios de regalos en las oficinas, ni mucho menos, la carta o los regalos del Niño Jesús o a Santa. En una gris navidad, las mesas estarán vacías, igual que las despensas y las neveras, porque no hay dinero para la cena navideña alegórica a esa época antiguamente tan feliz en nuestro país.

Economía y black friday

La carestía de los alimentos y de los ingredientes de las multisápidas hallacas, el pernil de cochino, la ensalada de gallina, las uvas y otros manjares de nuestra gastronomía criolla, son bienes de lujo para la inmensa población pobre y empobrecida.

Atrás quedaron todos esos bellos recuerdos en la vieja Venezuela que ahora exhibe uno de los más nefastos panoramas económicos en la subregión latinoamericana y del mundo, con un PIB en caída libre desde hace 12 trimestres consecutivos, con una hiperinflación (yo la he llamado terainflación = 109), la cual raya en millones por ciento en los últimos tres años, y un salario mínimo mensual equivalente el día de hoy 20/11/2020, a $0.56, sí; tan cierto como para inscribirlo en una de aquellas crónicas de Ripley’s de “Believe it or not”.

Es imposible imaginar a un humilde hogar venezolano celebrando la Navidad, cuando muchos de ellos se acostarán en la nochebuena, incluso, sin haber comido en días. Esa noche algunos venezolanos en los barrios pobres ahogarán sus penas en un licor barato, y las madres tendrán que decirle mentiras blancas a sus hijos para borrarles de su imaginario infantil que el Niño Jesús no visita a los hogares pobres porque está muy ocupado haciendo felices a otros niños en donde si puede llegar.

Ese cuadro patético tendrá como fondo, a una casa humeante por un fogón de leña en la que tal vez se preparen, unos plátanos, o una taza de arroz que será la cena de ese día, porque no hay dinero para nada más, y tampoco gas, ni electricidad para hacer funcionar las cocinas, y mucho menos esperanzas ante un estado anémico y anómico

El black friday es sin duda, la perversión de una economía en la que un puñado disfruta de la crisis, mientras la gran mayoría vive de las migajas.

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