Entre bigamia y alcoholismo: El lado oscuro del Gordo y El Flaco

por Jul 28, 2021

 Conformaron, fruto de una casualidad, una dupla insignia en la historia del cine. Sin embargo sus problemas personales, su vida sexual y la historia del genio que se retiró porque no pudo soportar la muerte de su amigo marcaron sus vidas y trayectorias.

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Laurel era el flaco y Hardy, el gordo. Casi un gesto de justicia poética, el protagonismo se alterna según la fórmula que usemos para nombrarnos. Como si fueran esas marquesinas giratorias que algunas vez utilizaron los teatros para eliminar los problemas de cartel. El que aparece primero cuando se les nombra por los apellidos, va segundo en el de los apodos.

El dúo cómico de Stan Laurel y Oliver Hardy es, probablemente, el más perfecto de la historia. Formado de casualidad hace ya casi cien años, marcó uno de los puntos más altos del humor cinematográfico del siglo XX. La historia de ellos tiene momentos de éxitos fulgurantes, y carcajadas y, como casi todas, un final muy triste.

Consiguieron una química tan perfecta y natural que cuando faltó uno, el otro no pudo seguir. No supo cómo hacerlo.

Stan Laurel, el Flaco, nació en Inglaterra en 1890. Su nombre era Arthur Stanley Jefferson y desde muy joven se presentó en espectáculos de variedades. Su capacidad gestual y su habilidad física hacían reír a las audiencias más variadas. Lo suyo no eran los grandes teatros, sino sucuchos sórdidos y audiencias de borrachos y perdidos. Hasta que alguien quedó deslumbrado con su facilidad para hacer reír y le ofreció integrarse a una troupe cómica llamada Fred Karno´s Army. Los mejores y más promisorios talento cómicos de Inglaterra estaban en ese elenco. Karno era empresario teatral y el actor principal de un espectáculo en el que primaba el slapstick y el humor físico. Se dice que Karno fue el inventor (o al menos el gran difusor) del recurso cómico más utilizado en la historia: el tortazo en la cara (recurso que Oliver & Hardy llevarán al paroxismo en The Fight of the Century con una batalla con cientos -o miles- de tortazos).

Laurel y Hardy, los genios del humor que hicieron reír a varias generaciones: filmaron más de cien películas y casi trescientos cortos

Norvell Hardy, el Gordo, nació en Estados Unidos en 1892. Era el menor de cinco hermanos. Pertenecía a una familia acomodada que lo envió a los mejores colegios aunque sus rendimientos académicos siempre fueron pobres. Casi no conoció a su padre Oliver, que murió cuando él era muy chico. Como un homenaje, utilizó su nombre en su vida artística. La madre lo envió a estudiar música pero él dejó los claustros para actuar profesionalmente. Su presencia física era imponente y rápidamente se hizo notar.

El inicio de la dupla está contado bajo la forma de leyenda. Mientras preparaban esa película que iba a dirigir Laurel, Oliver Hardy sufrió un accidente bizarro: se quemó un brazo con el aceite en el que se cocinaba una pata de cerdo. Stan Laurel corrió a asistirlo y la escena, que debía ser dramática, se transformó en un delirante e involuntario paso de comedia. Hal Roach, el productor, en vez de preocuparse por el destino de su siguiente película supo que había dado con la dupla que siempre había buscado.

Laurey y Hardy filmaron más de cien películas y casi trescientos cortos. Además siguieron actuando en vivo cada vez que pudieron. La conjunción de sus talentos produjo una combustión inmediata. Enseguida encontraron los roles.

Sus películas se convirtieron en un éxito mundial. Las audiencias eran tan amplias como era posible. Hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos. Algunos rodaban de la risa por los pasillos de los cines inmensos de la época. Esa maquinaria había que alimentarla y ellos filmaban con regularidad sin perder su eficacia cómica.

Todo era material cómico para ellos. Lo que en los demás era lugar común, en ellos era encontrar nuevos abordajes a la situaciones de siempre. Music Box en la que durante media hora hacen todo lo que se puede hacer con un piano y su mudanza (otra vez Sísifo). En La Pelea del Siglo con Laurel como boxeador y Hardy como exigente segundo consiguen la pieza más graciosa del cine deportivo.

El dúo cómico nació de un accidente: Hardy se quemó un brazo mientras cocinaba una pata de cerdo, Laurel corrió a asistirlo y la escena, que debía ser dramática, se transformó en un delirante e involuntario paso de comedia

Laurel y Hardy volvieron a las actuaciones en vivo. Un poco por necesidad económica y otro poco porque hacer reír era un pulsión. Ellos se alimentaban de las risas del público. Realizaron varias giras exitosas por Inglaterra cuando ya eran grandes y los problemas de salud los aquejaban (de la última de esas giras se ocupa la biopic entrañable Stan and Ollie, estrenada hace un par de años dirigida por Jan Baird y protagonizada por John Reilly y Steve Coogan).

En esa película hay una escena tomada de la realidad que es profundamente emotiva. Los dos están en un pueblo en Irlanda y de pronto las campanas de la iglesia empiezan a tocar una música muy conocida (en especial para ellos): la inconfundible The Cuckoo´s Dance, la canción característica de sus películas, que luego se transformó en una marca de agua de cualquier pieza cómica. Esa melodía es otra de las marcas registradas del dúo.

Stan Laurel era el genio creativo del grupo. Se encargaba de los guiones, supervisaba a los directores y pensaba la puesta en escena

Stan Laurel era el genio creativo del grupo. Él pensaba los argumentos, los gags, la puesta en escena. Quería que cada pieza, que cada chiste y cada situación fuera autónoma, pudiera ser separada del resto y producir gracia por sí sola, y que al mismo tiempo estuvieran integradas a un conjunto.

Oliver Hardy, por su parte, hojeaba el guión un momento antes que las cámaras se encendieran, escuchaba las indicaciones de su amigo y se lanzaba. Nunca fallaba. El ritmo de la comedia venía con él. A Oliver le gustaba la buena comida, el alcohol, el juego y el golf. También las mujeres. Tuve cuatro esposas pero ocho matrimonios. Con la segunda y la tercera reincidió (y fracasó) tres veces. Stan Laurel se casó cinco veces.

Stan se casó muy joven con una chica que trabajaba con él en uno de los shows de varieté. Pero el matrimonio duró poco. Vivir de noche no ayuda a ninguna pareja. Esa dinámica de enamoramiento y desilusión veloz fue la que dominó todas sus parejas. Las tentaciones nocturnas, las compañeros de trabajo con poca ropa, las confesiones de madrugada, los tiempos muertos en el camarín, el alcohol. Laurel vivió una excepción en esa espiral de bodas y divorcios. Con Lois tuvieron una hija y un hijo. Pero este nació prematuro y murió a los pocos días. La pareja nunca pudo superar ese golpe. A Stan hasta lo acusaron de bígamo, porque en la transición entre una pareja y otra no había terminado las formalidades de la disolución del vínculo anterior.

Hardy por su parte era un reincidente. Se volvía a casar con las mujeres de las que se había divorciado. Lo echaban pero lo volvían a aceptar. A veces la culpa era de la cantidad de alcohol que consumía, pero en alguna ocasión la que tuvo problemas con la bebida fue una de sus esposas. Los dos cómicos se dedicaron a su carrera y a su público y descuidaron su vida personal y familiar. A ambos sus últimas esposas los cuidaron en sus largas convalecencias -de años- finales. El amor que les fue esquivo lo encontraron en el tramo postrero de sus días.

Casi no aparecieron en televisión. Era un medio muy nuevo y ellos no lo entendían. Seguían prefiriendo el cine, pese a que su última película, de 1951, había sido un fracaso y la adrenalina del teatro y las plateas llenas. Sin embargo una aparición sorpresiva en un programa norteamericano reavivó el interés del público que recordó lo graciosos que eran. El hijo de Hal Roach intentó producir una serie con ellos. Dos canales se mostraron interesados pero el proyecto no siguió adelante por la frágil salud de los cómicos. La paradoja es que varias generaciones los conocieron por la repetición de sus creaciones en la TV.

Oliver Hardy con su bigote, bombín y corbata característicos. Lo llamaban Babe porque parecía un bebe grande

En 1956, los problemas físicos de Hardy eran recurrentes. Su obesidad había aumentado. Le costaba caminar, los dolores en las piernas lo atormentaban. Inició una dieta estricta que lo hizo bajar de peso. Pero no fue suficiente. Primero sufrió un accidente cerebrovascular que le afectó momentáneamente el habla. Ese sólo fue el primer aviso. Luego se sucedieron diversos problemas coronarios (con algunos infartos incluidos) y un último ACV que le dejó medio cuerpo inmovilizado. Postrado recibió el cuidado de su última esposa y de su compañero de toda la vida que le envió dinero para pagar su internación y medicamentos. Oliver Hardy murió en 1957. Tenía 65 años.

El dúo fue admirado por varias generaciones de cómicos. Recibió también el reconocimiento de escritores como Osvaldo Soriano, Kurt Vonnegut, Samuel Beckett y Salinger

En unas cartas subastadas por uno de sus sobrinos en 2015, Stan Laurel escribió: “Se murió mi querido compañero. Para mí fue un tremendo shock a pesar de que sabía cuál era su condición. Lo extraño terriblemente. No puedo asumir que se haya ido. Me siento totalmente perdido”.

Stan Laurel no volvió a actuar ni a presentarse en público. Un anticipo lo había dado en esa última gira por Inglaterra. Tuvieron que suspenderla con varias fechas pendientes por la salud de Hardy. El productor dijo que podían continuar sólo con Laurel, que el público estaría encantado. Stan ni siquiera consideró la oferta. El espectáculo era con ellos dos o no era.

Tras la muerte de su compañero no quiso volver a actuar. Se retiró definitivamente. Ni siquiera fue a recibir el Oscar honorario que la Academia le otorgó. Eran tiempos de revalorización de su obra. La televisión pasaba sus cortos cotidianamente. Habían pasado más de tres décadas y seguían manteniendo la eficacia y sorprendiendo. El público se reía como siempre.

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Con información de Infobae

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