La ruta de la innovación

Innovar es el resultado de un proceso creativo que deriva de la observación de problemas y situaciones que ameritan soluciones, las cuales una vez generadas, satisfacen necesidades colectivas y por tanto potencialmente generan beneficios económicos a sus creadores. De allí, que cuantas más personas se beneficien de esa solución y mayor sea el impacto del problema que resuelve, superior también será el fruto de la retribución. A su vez, a mayor formación del creador y mejor entorno en el que este se desenvuelva, aumenta también la actividad creativa no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino además cualitativo, apuntando y apostando muchas veces a dominar y conquistar los retos más inmensos. Por ello, si bien eso que algunos llaman chispa, y otros, iluminación, juegan un rol importante cuando se trata de la manifestación del ingenio, tan vital para que ese flujo creativo sea constante, aumente y produzca cada vez mayores beneficios, lo es también el entorno y las condiciones en las que se cultiva la inspiración.

Nos referíamos en nuestros dos últimos artículos publicados bajo los títulos “La Venezuela Naranja” y “Las Manchas de la Naranja”, por una parte a esa abundante creatividad natural e intuitiva del venezolano, nacida de la pura necesidad de surgir en medio de un país precarizado; y por la otra, a la ausencia de condiciones que limitan que esa condición innata se reproduzca y desarrolle sin límites; por lo que en esta ocasión, nos referiremos a esos elementos que deben cultivarse y tenerse en cuenta para cosechar creaciones, tal como se cosecha una fruta luego del cultivo laborioso de la tierra.

Para referirse a la innovación y la ruta que debe seguirse para potenciarla, es indispensable pasearse por lo que podríamos denominar la Biblia en la materia, que es el Índice Global de Innovación (IGI), publicación que arribó este año a su décima tercera edición, bajo la iniciativa del Instituto Europeo de Administración de Negocios (INSEAD), Cornell University y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, con la colaboración de las confederaciones de industrias de la India y Brasil, la cual se ha convertido en la primera referencia a considerar cuando se trata de medir la actuación de un promedio de 130 economías en la materia, quienes someten a evaluación y medición, al menos 80 parámetros que permiten ubicarlas en un ranking para conocer el lugar ocupan en el mundo en cuanto a innovación se refiere. Así, a diferencia del béisbol, donde la estadística es útil para exhibir records y justificar el alza o la baja del valor de un jugador en el mercado, el ranking que deriva del IGI, no es un concurso para ufanarse de cuan innovadora es una jurisdicción, sino más bien una herramienta para el diseño, implementación y ajuste de políticas públicas, pues hoy como nunca antes hay plena conciencia de que cuanto más se potencien las industrias creativas, mayor será el desarrollo socioeconómico y en razón de ello, el bienestar colectivo.

Venezuela hoy día y desde hace ya varios años carece de estadística y como muestra basta darse un paseo por el sitio Web de la institución a cargo de su manejo, el Instituto Nacional de Estadística (INE), para constatar lo afirmado; y en ello, los diferentes parámetros que deberían tomarse en cuenta para medir su actividad innovadora, no son la excepción y están ausentes. De hecho, no es casualidad que aunque lejanos siquiera de la primera mitad del ranking, el país se mantenga además ausente del IGI desde el 2017, pese a haber participado en sus primeras 9 ediciones, por lo que no es en lo absoluto temerario afirmar que navegamos sin rumbo y a oscuras, en el competitivo territorio global del ingenio y las creaciones.

El Índice Global de Innovación, encabezado hoy por Suiza, escoltada por Suecia, Estados Unidos, Dinamarca, Finlandia, Singapur, Alemania y la República de Corea, en los diez primeros puestos, y donde además las tres primeras economías latinoamericanas que aparecen en el ranking, como lo son Chile, México, Costa Rica y Brasil, aparecen apenas en los puestos 54, 55, 56 y 62, respectivamente, entre los 131 países objeto de evaluación en el 2020, nos muestra un mapa confiable que nos permite visualizar donde tenemos que poner nuestra atención, para a partir de allí construir una ruta la cual seguir para convertirnos en una nación innovadora. Así, los parámetros e indicadores evaluados no se consideran de forma aisladamente sino como un todo, donde se aprecian por un lado las bases o soportes de la economía creativa, y por el otro, sus resultados, por lo que no bastará únicamente contar con un marco institucional sólido y confiable o una buena infraestructura educativa, sino que además ello debe manifestarse en frutos palpables en el área.

En cuanto a sus bases, la ruta de la innovación debe entonces considerar en primer lugar el marco institucional, para lo cual se tiene en cuenta lo relativo al ambiente político, regulatorio y de negocios; luego, lo correspondiente al capital humano, donde entra en juego la educación en todos sus niveles, y la inversión en investigación y desarrollo; continuando con la infraestructura, que comprendería la disponibilidad de las redes de comunicación e información tecnológicas, la infraestructura física en general y la sostenibilidad; pasando por los aspectos relativos al mercado, con las respectivas consideraciones a la disponibilidad del crédito y financiamiento, las inversiones, y las políticas comerciales, de competencia y escalamiento comercial; finalizando con lo que denominan la sofisticación del ambiente de negocios, que aborda lo atinente al recurso humano calificado, la vinculación de la actividad innovadora con la economía y la absorción del conocimiento. Ya en cuanto se refiere a las resultas que derivan de las bases descritas, el IGI evalúa todo lo relacionado con la creación, impacto y difusión del conocimiento, y luego, más concretamente, la generación de activos intangibles, de productos y servicios creativos, y la creatividad en el entorno digital.

Lo expuesto constituye en síntesis la ruta de la innovación, y en próximas entregas nos referiremos con más detalle a cada uno de esos elementos que constituyen los hitos que deben marcarse en el mapa que conduzca a ese territorio creativo de forma sostenible.

Cástor González Escobar

Abogado. Presidente del Centro Popular de Formación Ciudadana y Director de GR LEX Américas
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